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El esfuerzo del personal sanitario durante la pandemia


 
 


 
 

Desde que aparecieron los primeros casos de pacientes infectados con el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad denominada Covid-19, los profesionales de la salud han estado trabajando sin descanso para atender a los afectados por esta nueva enfermedad.


La salud de la población siempre está en manos del personal sanitario, compuesto tanto por médicos y enfermeras, como por auxiliares de enfermería y farmacia, o por técnicos de laboratorio entre muchos otros. Aunque su labor cotidiana no siempre es reconocida, es vital para que el sistema sanitario pueda ofrecer una buena atención a los pacientes y usuarios.


En momentos de crisis, como la pandemia causada por este nuevo coronavirus, el trabajo de todo el personal sanitario se hace más patente y se evidencia su gran importancia. Todos los profesionales de la salud están realizando grandes esfuerzos para poder atender a los pacientes, a pesar de la gran cantidad de dificultades con las que se han encontrado desde el primer momento. Entre estas dificultades se encuentran las duras condiciones de trabajo, con jornadas maratonianas de 24 horas durante las que tienen que utilizar equipos de protección individual (EPI) para reducir el riesgo de infección, con las incomodidades que eso supone, el exceso de horas de trabajo, la angustia psicológica y el cansancio.


A estas dificultades se han sumado la falta de material adecuado para la protección de todo el personal sanitario, así como el insuficiente número de respiradores para atender al gran volumen de personas infectadas en un período muy corto de tiempo. Esta situación agrava el alto riesgo de infección de los profesionales sanitarios, así como del personal técnico y de administración, que a pesar de ello continúan prestando sus servicios con un compromiso y entrega admirables, trabajando en la atención directa de los pacientes.


El Covid-19 es una enfermedad infecciosa desconocida hasta hace bien poco, y por consiguiente su evolución, epidemiología y tratamiento eran, y en algunos aspectos sigue siendo, una incógnita. Esto está haciendo extremadamente difícil el trabajo del personal sanitario, que ha ido aprendiendo y adaptándose a esta nueva enfermedad de un modo ejemplar y mostrando una gran resiliencia.









Alimentación y salud: relaciones fundamentales entre ambas variables


 
 


 
 

La alimentación es el proceso de ingesta de alimentos para conseguir los nutrientes necesarios que permitan cubrir las necesidades energéticas del organismo, formar y mantener las estructuras corporales, regular los procesos metabólicos y prevenir enfermedades relacionadas con la nutrición. Tanto el déficit como el exceso de algunos nutrientes se han asociado con el desarrollo de ciertas enfermedades o patologías, e incluso se han identificado algunos alimentos como protectores e incluso terapéuticos para ciertas enfermedades.


Una alimentación saludable ayuda a tener una mejor calidad de vida y, además, se ha demostrado que previene la aparición de enfermedades como la obesidad, la hipertensión, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la anemia, la osteoporosis e incluso algunos tipos de cáncer.


Una reducción en el consumo de sal en la dieta, una mayor ingesta de frutas y verduras, o hacer actividad física de forma regular reducen el riesgo de estas enfermedades, mientras que una dieta poco saludable, junto con la inactividad física, puede verse reflejada por aumentos de la tensión arterial, mayores niveles de glucosa y de lípidos en la sangre, sobrepeso u obesidad. Asimismo, las grasas saturadas y los alimentos procesados, como salazones, ahumados o encurtidos, se han relacionado con algunos tipos de cáncer como el de próstata, de colon o de mama, mientras que las grasas monoinsaturadas, algunas sustancias con potencial antioxidante o los inhibidores de las prostaglandinas tienen efecto protector.


Los principales grupos de nutrientes son las proteínas, los hidratos de carbono, los lípidos, las vitaminas, los minerales y el agua. Sin embargo, no todos los alimentos tienen los mismos nutrientes y por lo tanto la composición de la dieta es esencial para mantener un buen estado de salud. Una dieta equilibrada debe incluir alimentos de todos los grupos principales de nutrientes en las proporciones que el organismo necesita para cubrir las necesidades energéticas y nutricionales y evitar así la aparición de patologías.









La importancia de una sanidad personalizada


 
 


 
 

La atención sanitaria personalizada está centrada en las necesidades del paciente y se puede aplicar tanto en el ámbito de la prevención como en el diagnóstico o el tratamiento. Los profesionales sanitarios no deben centrar su atención en las enfermedades, sino en atender a las personas, las familias y las comunidades, que son quienes padecen las enfermedades. La atención personalizada está enfocada en acompañar a las personas durante el proceso de la enfermedad y en evitar, tratar y paliar el sufrimiento que padecen asociado con los problemas de salud.


Para poder ofrecer esta atención personalizada es necesario conocer las características físicas, genéticas, de historia familiar, del entorno y de estilo de vida propias de cada paciente. Tener en cuenta estas características permite evaluar la predisposición que tiene cada uno a padecer una determinada enfermedad y facilita tomar las medidas adecuadas y oportunas para su prevención. Asimismo, la caracterización molecular ayuda a hacer un diagnóstico preciso cuando se presenta una determinada enfermedad, y permite diseñar estrategias terapéuticas a medida de cada paciente, que optimizan los beneficios y reducen los efectos secundarios.


Las nuevas tecnologías ofrecen herramientas, como la inteligencia artificial o las plataformas de Big Data, que tienen una alta capacidad de analizar grandes cantidades de información. Estas herramientas pueden ayudar a los médicos a ofrecer mejores diagnósticos y puede llevar a una medicina más personalizada y predictiva que ayude a salvar vidas. Además, la tecnología ofrece herramientas que permiten mejorar la gestión de los recursos sanitarios, favorecer la comunicación entre médico y paciente, mejorar la calidad y la eficacia de la atención sanitaria y hacer que esta sea más humana y personalizada.


La tecnología debe permitir aplicar una medicina de precisión más predictiva, preventiva y participativa, y puede ayudar a tener una sanidad más personalizada que permita eliminar barreras, reducir costes y mejorar la vida de los pacientes.









Sobre las vacunas (y los movimientos en su contra)


 
 


 
 

La vacunación es una forma sencilla e inocua de poner en marcha las defensas naturales del organismo frente a una determinada enfermedad. Una vacuna contiene el microorganismo causante de una enfermedad, muerto o muy debilitado, que al inocularse es reconocido por el sistema inmunológico como un agente infeccioso. Este reacciona generando anticuerpos y adquiriendo memoria inmunitaria que permitirá reconocer el microorganismo y eliminarlo evitando futuras infecciones.


Las vacunas son uno de los grandes avances en la historia de la humanidad. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año evitan entre dos y tres millones de muertes y permiten aplicar otras medidas que salvan vidas. No obstante, en la actualidad sigue existiendo un movimiento antivacunas, que se vio impulsado hace más de 20 años por la publicación fraudulenta de un estudio que asociaba la vacuna del sarampión con el autismo.


Este movimiento alega que las vacunas pueden sobrecargar el sistema inmunitario del niño, que la protección natural es mejor a la inducida por una vacuna, que contienen sustancias peligrosas como el aluminio y el mercurio o que son las responsables del aumento de alergias, asma o enfermedades autoinmunes.


La exposición a antígenos ambientales es mucho mayor a los presentes en las vacunas y permite desarrollar la inmunidad natural a algunos patógenos, pero las enfermedades prevenibles solamente mediante vacunación, como el tétanos, la meningitis, la poliomielitis o el sarampión, pueden ser altamente discapacitantes e incluso mortales.


Como cualquier medicamento, las vacunas pueden producir efectos secundarios, que suelen ser muy leves y temporales, y raramente graves. Además, la concentración de componentes como el aluminio o el mercurio son mucho menores a las que se pueden respirar o ingerir un día normal. La asociación de las vacunas con el desarrollo de enfermedades como el autismo han sido ampliamente desmentidas y rebatidas y no hay ningún estudio a gran escala que demuestre que aumentan el riesgo de alergias o enfermedades autoinmunes.

En la actualidad algunas de las enfermedades por las cuales se vacuna a la población son poco frecuentes, sin embargo, sus patógenos causantes siguen presentes. La vacunación permite evitar que uno mismo se contagie, pero además ayuda a crear una inmunidad colectiva que previene el contagio de las personas que no pueden vacunarse, como las inmunodeficientes o las alérgicas a algún componente.


En un mundo globalizado como el actual las enfermedades pueden atravesar fronteras fácilmente y por lo tanto es importante mantener el máximo número de personas de la población inmunizada para proteger a aquellas que son más vulnerables y no se pueden beneficiar de las vacunas.





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